Ochoa-Lácar es una empresa familiar cuyos orígenes se remontan a finales del siglo XIX. Fundada bajo el nombre de "Ochoa Artola y Compañía", inició su actividad empresarial dedicada al comercio de hierro y carbones en un local de la calle Navas de Tolosa de Pamplona.

En 1912, Doña Concepción Lácar, viuda de Niceto Ochoa, uno de los socios fundadores, adquiere todas las participaciones de la sociedad y se convierte en la única propietaria. En 1917 deja el negocio a sus hijos Daniel, Emilio y Adelardo, constituyéndose la nueva sociedad "Ochoa-Lácar Hermanos".

Emilio, Doctor en medicina, cede sus participaciones a sus hermanos para dedicarse a su vocación en Tudela. Daniel Ochoa-Lácar toma entonces las riendas del negocio, asentándose cada vez más en el comercio del hierro. A medida que el negocio fue creciendo, el local de Navas de Tolosa se hizo insuficiente. La empresa opta por alquilar locales en distintas zonas de Pamplona, según aumenta su necesidad de espacio.